Abórtame, cariño.

Hemos pasado de pedir aborto libre a vanagloriar una maternidad blanca e inocua. Yo digo, revélate cariño. Que las únicas tetas sean las que te comes.

Gritos y susurros (Bergman, 1972).

Si algo hemos aprendido es que los fascismos no llegan de la noche a la mañana. Atracan nuestra libertad a toque de caballo de Troya. Te van seduciendo de a poquitos, y tú, supuesta revolucionaria, vas cayendo y te acabas sumando. Así va el juego. Empiezan con la feria de Ana Iris y acaban con Rigoberta diciéndote que ser mami es super revolucionario. Que la violencia obstétrica no existe. Que tú único valor como mujer reside en tu útero y que, si no lo tienes, eres un hombre y estás enfermo.

Hace más de cincuenta años, el lema del feminismo era aborto libre. Nuestras madres incendiaron las calles para exigir parir a su modo. Para construir un mundo donde el útero no fuera más válido que el bazo o el intestino grueso. Donde nuestra esencia radicase en nuestro deseo, no en nuestra capacidad reproductiva.

Si de madres va la cosa, yo consulto a la mía. Atónita ante el supuesto progresismo de la Bandini, me dice que no entiende nada. Que desde cuando es revolucionario ser lo que quiere el patriarcado: progenitoras abnegadas y cuidadoras como único oficio. Recuerda con nostalgia su juventud, entre Alaska y Gurruchaga, y me dice que por qué no hay más Samantha Hudson y menos niñas bien enarbolando la lucha rosa chicle.

Paula Ribó dice, o más bien, el sistema le ha convencido para que diga, que la revolución está en nuestras tetas. Lo dice vestida de blanco inmaculado, con el nombre de su hijo escrito, bajo una imagen gigante de una embarazada. Dice también que somos guerreras porque siempre tenemos la nevera llena. Ok. Hacer tuppers y parir como conejas. ¿La sección femenina con pelos en los sobacos? Digo.

Dice también no sé qué de las tetas libres y de que dan miedo. A mí lo que me da miedo es el fascismo que llevas encima sin darte cuenta. Como si solo las mujeres tuviésemos tetas, hija. Los pezones y los anos son una cosa interplanetaria que tenemos todes, cariño. Lo dices todo desde el cuerpo de una personita blanca, paya, hetera y privilegiá que te cagas. Y a mí me aburres.

Y me pregunto: ¿donde está el reclamo de una maternidad real? ¿Donde están los cuerpos que ocupan y que el patriarcado sí que censura? Ya sabes, los cuerpos gordos, muy muy gordos. Aquellos que molestan y que sí que dan miedo al sistema, querida Paula de mi corazón. Con toda la zorroridad de una gallega. Ojo, sin acritud. Que como dijo una sabia, yo tengo fe en la reinserción. Que el día menos pensado te come el coño Javiera Mena, dejas a tu marido soso, te unes a una comuna y montas tu propia familia arcoiris. Con hijes de acogida y mucho amor del bueno.

Perdonadme, compañeras, pero creo que se nos está yendo a todas bastante la pinza. Que sí. Que maternar en libertad es un derecho. Que la violencia obstrética es una realidad y hay que denunciarla. Que nadie tiene derecho a censurar ningún cuerpo. Pero es que creo que hemos empezado con unas gotitas de dependencia afectiva y hemos acabado tragándonos todo el pastel. En pasivo ilustre. Diciendo orgullosas que estamos hiper felices de ser «invitadas» al Prado y folladas por señoros. Claro que sí, guapi.

En un mundo impregnado de culpa, yo digo no. No a ser madre por imposición masculina. Sí a quedarnos embarazades cuando nos dé la gana. A los cuarenta. A los cincuenta. Qué más da. Sí a optar por otras familias, sí a la acogida. Sí a construir redes de cuidado llenas de arrojo. Sí a acuerpar y a matar por nuestras hermanas. Sí a ser las tías civiles de pequeñas criaturas y ayudarles a ser lo más libres que puedan ser, dentro de esta sociedad de mierda. Sí a la teta ilegal. Sí a parir como nos salga del mismo coño. Sí dar de mamar en iglesias y bancos. Y a quién le moleste, que no mire.

Hoy, compañeras, os invito a que os quitéis la culpa. A que activéis un deseo plural, molesto. Real. A que os despojéis de la pasividad impuesta. A que folléis con quién os dé la gana. Y hasta que os de la gana. A que probéis todos los cuerpos posibles y decidáis cuál os mola más. A que seáis todo lo putas, zorras, bolleras, bisexuales, monjas, ascetas o puritanas que os de la gana. A que seáis vosotras, sin más.

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