Intro-expección.

Gélido abrazo que me recibes.

Tú, que me lo has prometido todo en 360 grados vitales,

en tus almas vacías y en tus calles fantasmales.

Mis recuerdos anotados en 24 mentiras por segundo.

Conocer, superar, olvidar.

Entender, aceptar y retomar.

Rodamientos y pérdidas enraizadas en tu asfalto.

Aprendizajes en Bercy a ritmo frenético.

No rendirme y aprender. 

Esto es solo el comienzo.

O un final retomado. 

Quién sabe. 

Ascendí desde mis adentros por tus vasos comunicantes.

Yo, que lo creía todo perdido, recuperé la esencia de Safo en el silencio de tus hermanas.

Allá por la Salpêtrière, las voces soterradas de quienes no pudieron ser agitaron mi conciencia.

Louise, Rose, Monique. Iconos que se me vuelven sin máscara. 

Como la mía, que se resquebraja en cada paso.

Ya no. No ya.

El peso de un ayer que ya no es.

Liviana sensación de libertad de quien resiste.

De las que cuidan en la sombra y resquebrajan las fronteras. 

Gracias a las que no existen en primer plano, aprendí a desprenderme de este miedo.

Un miedo tan mío que comprendí cuerpo.

Un cuerpo roto que se cose en el telar de quienes me hicieron.

Hoy no soy yo más que un reflejo

de lo que fui, o al menos siento.

De las manos que me dieron y los rostros que ayer se fueron.

París, tu Sena tiene mareas.

Y en ellas me he mecido y he crecido.

De lo más profundo a lo más alto.

La soledad más radical de quienes resisten al capital en tus estaciones.

Ocupaciones y resistencias al sistema que se vuelven violetas.

Caballos que cabalgan prometiendo fuego.

Pueblos que superan banderas.

Europa ruge.

Y tú, impertérrita, te me quedas mirando.

Sin más.

Ajena a todo, me invitas a volverme en mí. 

Olvídalo. Olvídame. Sé tú. 

Temblorosa, miro y veo que no soy. 

No soy una. Soy todas.

Las que pasaron y las que vendrán. 

Las manos que me auparon y los ojos que me velaron.

Pero sois vosotras también.

Las del abrazo ajeno.

El café amigo.

El cigarro compartido. 

La lágrima acompañada.

La risa contagiada.

La copa brindada.

Hoy veo en otros el pasado que un día fui. 

Miedo a ser. A Ser en mí. A sentir. 

Hoy veo en otros los miedos superados.

Y está bien. 

Quizá tuvo que suceder así.

Quizá. 

Puede que algún día esas almas asustadas se cubran de fuerza contagiosa.

Y vivan. Y arriesguen.

O puede que no.

Pero no me compete a mí resolverlo. 

Hoy, como el Sena, fluyo en mí.

Y en todas.

Hoy, somos resistencia violeta.

Hoy rompemos insignias y vacuas promesas.

Sin escudos, sin fronteras.

Sin más recompensa que la de saberse viva.

Por las que ya no están y las que llegarán.

Hoy otras voces se alzan por encima de su fuego

Y con la acción

de quien no quema

sino vuela

muy alto

venceremos.

Hasta alcanzar el cielo.

Sin miedo a ser Ícaro.

Hoy somos fuerza, compañeras.

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