Make the difference great again.

Nunca he sido muy amiga de los States. Soy de la generación marcada por el 11S, la guerra de Irak y la desidia de ese capitalismo de polietileno con tintes carbónicos que nos agota. Pero hoy respiro. Biden es Cukor con toque fordiano, pero joder, nos hemos librado de Howard Hawks. Arriba esas copas.

La gran Divine pronosticando este día.

America. Dicen ellos. Estados Unidos, respondo. Con deje altivo y democrático impuesto. Con un puntito nauseabundo de salvadora blanca. Limito geográficamente el capitalismo y me quedo satisfecha. México, Salvador, Honduras, Chile, Argentina, Panamá y un largo etc quedan al margen. Todos al resguardo del sustantivo perfecto. Eludo el genérico “America” en el nombre de mis ancestros colonizadores y violadores. Incluso más que Biden, fíjate tú. USA, repito. Rednecks borrachos. Faulkner desmedido. Rugby rudo. Prositución mediada. Imperio alejado en el estereotipo. Un suspiro. Un prejuicio. Panorámica de Vietnam. Godard dixit, son muertos en vida.

La gran Silvia Agüero, compañera gitana, afirmaba ayer que poco importaba elegir entre un payo blanco y un payo naranja. Su fiereza elegante me hace caer de pedestal burgués y gabacho. Y me digo ¿qué celebras? No lo sé. Una caída. Me digo. Trump se ha ido, constato rotundamente. Como si Divine se lo hubiese cargado de un tiro. Venas saturadas de fast-food . Sueño húmedo. Caricatura maltrecha tomada para reducir todo “el mal”. El patriarcado, el racismo, el clasismo. Un completo cargadito de CO2. Muerto el facha, ¿se acabó la rabia? Sus seguidores, híbridos perfectos de Rafa Mora y un granjero de Alabama, indican lo contrario. Trump sirve al sistema. Pastiche del enemigo. Pensamos que todo está hecho, y en la siguiente escena, nos la devuelven. Cuidado.

Al igual que Estados Unidos es mucho más que el reflejo caricaturesco que muchas conservamos, el fascismo va más allá de un Cheeto diabético y diabólico. Trump es la hipérbole definitiva del capitalismo. Naces en cuna rica y negocias con vidas ajenas. Y subes en la escala. Lo arrasas todo. Hasta que después de violar, matar en diferido y correrte en kilates soviéticos, te aburres. Y decides presentarte a Presidente. Con tus santos cojones. Y te sale bien. Trump es un malcriado del sistema, que siempre le ha dejado hacer lo que ha querido. Y de repente, le dice que se ha acabado. Y el pequeño Donald se enfada. Patalea y se agarra. El público lo abuchea y la madre patria le regaña. Hasta la siguiente.

Reducir el fascismo a Trump es altamente peligroso. No solo porque se está obviando a todos sus followers internacionales, sino porque se ignora al máximo responsable: el sistema. Trump es un producto. Una causa. Una subjetividad distorsionada de la realidad que no hubiera sido posible sin Reagan, Roy Cohn, Eisenhower. El fordismo salvaje produjo uno, y no tendrá inconveniente en darnos otro de serie.

En este punto, celebrar su caída es sano. Las mismas compañeras de Afroféminas lo hacían esta tarde. Kamala Harris será la primera mujer negra vicepresidenta. Kamala no es la solución, pero es necesaria. Un paso lógico que llega con retraso. Demasiado. No solo eso. Kamala es inclusiva, mucho más que algunas feministas españolas (ojo, que algunas se revisan a paso galante y una reconoce el gesto). Una bio de Twitter típica que acaba en un “she/her“, aludiendo a la necesidad de nombrarnos a todes. Más allá de lo impuesto, de lo arbitrario de la biología.

Kamala no es Davis. Me digo, mientras sueño con el día en el que Guru, gitana resiliente como pocas, sea la vice de la Península. Kamala es privilegiada de clase, pero oprimida de por su condición de género y raza. Y eso se nota. En el gesto, por banal que sea. En esa búsqueda del juego llano.

Intento justificar mi júbilo mientras noto en la nuca la mirada mordaz de Teresa de Jesús y Emma Goldman. Van ya por el quinto tinto, hartas de ver mi pleitesía hacia el padre Estado. Niña, dónde está tu anarquismo, tu responsabilidad social autoimpuesta, que no la vemos.

Tere, Emma. Dejadme un ratico, hacedme el favor. Dejadme, dejadnos, que nos vanagloriemos con viejos hitos. Ya sé que son todos payos pasaos de rosca. Modo de Representación Patriarcal de primero de carrera. Lo sé. Sé que el Estado es el problema. Que (he)mos de organizarnos y apostar por la comunidad. Renunciar al partido y apostar por los afectos. Pero a veces una se harta. Que acabo de depositar la Tesis tras un añito de espera, coño. Necesito banalidad. Dejarme caer. Mitificar. Permitidnos cinco segundos de fantasía institucional. Una siesta rápida, que nos permita descansar de tanto fascismo. Nos lo hemos ganao.

Biden es, como mucho, una suerte de George Cukor versión XX. Turbio. Excesivamente tranquilo. Abuelito santurrón con pasado pederasta. Lo sabemos. Pero es que Trump es Howard Hawks. Joder. HAWKS. Río Bravo, La fiera de mi niña. Donald es pastiche viejo con toque fascista. La HH la lleva bien incrustada, con bajorrelieve en dorado. Agarra coños con la misma facilidad con la que Howard doblegaba a sus actrices. Cukor es turbio, pero nos trae a la Katharine Hepburn. Que ya sabemos que Katharine no deja de ser una niña bien de Nueva Inglaterra. Hetero y que no aprende con Spencer Tracy. Pero es un respiro.

El corte presidencial de los States apesta. No lo niego. Institucional. Clásico. Perfectamente coordinado con la guerra fría. Al otro lado del charco, la vieja Europa carga aún con demasiados Hawks y Cukors, remasterizados en Godards de la New Left y Hitchcocks churrascaditos. Nos comemos el mismo relato pero nos sabe mejor. Ojo ahí con el eurocentrismo, que ya huele.

Y aquí entramos nosotres. Unicornios rebeldes que con la gracia de Varda, reventaremos el canon e impondremos un nuevo Modo de Representación. Hagámonos, pues, responsables de nuestro lugar. Revisando privilegios y afianzando alianzas. Y a partir de ahí, construyamos un nuevo discurso. Unas goticas de Denis, un puñao de Spike Lee, dos cucharadas de Dolan y una pizca de Catherine Breillat para ponernos a tono. Lo mezclas bien y te queda un Michaela Coen rico, rico, y con fundamento. Casi tanto como los pucheros de Silvia.

Agita la pluma, cari. Y recuerda, dientes, dientes, que es lo que les jode.

She/her.

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